Saberes ancestrales y soberanía alimentaria en sus diversas formas afrodescendientes y palenqueras Saberes ancestrales y soberanía alimentaria en sus diversas formas afrodescendientes y palenqueras

La comida para los palenqueros tiene un significado mágico, espiritual y ante todo protector. Partir de la persona que la prepara, la que está alrededor y quien la consume. Para los mayores todo debe entrar por la comida, su aspecto físico es fundamental, que quiere decir, los ojos tienen un papel único en ese momento; su olor debe estar a tono con la realidad, es decir, la nariz transmite tranquilidad para ese instante colectivo; la sazón al momento de saborear es oportuno y definitivo, porque muchas veces se puede tener un buen aspecto físico, un olor para todo su contexto, pero si todo lo anterior no se conjuga con el paladar, no permite un disfrute del momento.

La comida en Palenque y los pueblos afrodescendientes, tiene un carácter mágico, porque no se debe comer de toda persona. Tal es la magnitud, que la persona antes de fallecer, es decir, en su agonía para llegar al mundo de los muertos, lo que le traen sus difuntos, puede ser la abuela, madre o una persona de confianza es la comida. Cuando, una persona que está en su agonía expresa que no quiere más comida, porque un pariente le ha traído alimento, los familiares y amistades cercano se “preparan” para su fallecimiento. Asimismo, la casa es transformada para que el ánima de esa persona pueda salir tranquila.

Igualmente, como puede comer la persona para fallecer, pueden traer comida, que se convierte en medicamento queda fuerza a la persona. La relación de comida muerte/vida está presente en los pueblos afrodescendientes. Son dos binomios que no se pueden separar, en la cosmovisión de los mundos: mundo de la mojana, mundo de los vivos, y mundo de los muertos. Todo está atado por la comida. Para no hacer parte del mundo de la mojana, en la tradición palenquera, no se debe comer nada que esta ofrezca, lo que impide quedarse en ese Palenque inverso. En ese Palenque, donde los niños y niñas no son un bien colectivo, se le hace maldad. También, para fallecer en la concepción palenquera la última acción es recibir la comida del pariente fallecido. Todo lo anterior, es igual para estar en este mundo de los vivos, hay que comer, saborear, olfatear, observar la diversidad de colores y organización de los platos.

Con la comida, debemos decir que la cocina en la comunidad de Palenque, tenía un control fundamental, porque era uno de los espacios de mayor concentración de las familias, era allí donde los mayores, particularmente las abuelas configuraban sus pedagogías para orientar a las nuevas generaciones. La transformación de ese escenario con las nuevas tecnologías ha llevado al traste espacios de transmisión saberes, que a luz de la realidad de hoy no ha encontrado uno que lo pueda reemplazar. Además, del control social, a las mujeres y hombres jóvenes, se fortalecía los lazos consanguíneos entre los parientes más lejanos, compadres y vecinos de toda la vida. Definitivamente, la humanidad ha compartido sus mejores momentos alrededor de la comida.

No es fácil dialogar de la dimensión comida, porque los pueblos afrodescendientes son especialista en preparar los manjares que llene su apetito. Por eso, en esta edición del XXXIV Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque, se ha elegido conversar, escribir, y saborear lo relacionado con la comida. Además, porque está orquestada con los utensilios que le dan un ambiente exótico, para otros lo interpretan de afrodisiaco. Este debate se ciñe en cómo estos saberes ancestrales han logrado cohesionar un colectivo a través de los siglos.

El dialogar de saberes ancestrales en el marco de la culinaria palenquera y afrodescendiente, en este caso Hernández en su artículo nos conecta en debate de la soberanía alimentaria de los pueblos y los impactos de las políticas públicas que generan dependencia de capitales ajenos a las realidades de los pueblos. En la que evidencia la perdida de la identidad de estos y sus transformaciones.

Por su parte Marrugo, se centra en las prácticas tradicionales agrícolas de la comunidad de Palenque, en la que la etnoeducación es el pilar fundamental para avanzar en la educación de la comunidad, y así fortalecer las manifestaciones culturales que son suyas. Además, plantea que se debe buscar construir un enfoque propio de educación, dado que desde la etnoeducación no se ha respondido a la exigencia de la comunidad.

En este mismo orden, la investigadora Henry, desarrolla su artículo “Kandúmbe: Las practicas gastroeconomicas de la mujer palenquera como estrategia de libertad”, en la que demuestra la resilencia de la mujer palenquera se evidencia por medio de su herramienta fundamental, la ponchera, que garantiza la seguridad alimentaria de las nuevas generaciones, desde el cuerpo de la mujer. Seguido, está el trabajo etnográfico de Delgado con su texto “Comer en San Basilio de Palenque: Memorias, sabores, saberes en tierras africano-colombianas”, que nos muestra sus distintos momentos en los que disfrutó los diálogos con muchos nativos de la comunidad, quienes le dejaron un mensaje alrededor de comer en Palenque, y el papel de las tiendas en la preparación de la misma.

Desde La Guajira, nos encontramos Vanegas en su artículo “Cachirra, plato endógeno: aroma, sazón y sabor de la gastronomía del pueblo negro ancestral del corregimiento de camarones, distrito de Riohacha departamento de La Guajira.” En el que muestra la tradición de la comida de la Cachirra en el plato de los nativos de Camarón, y sus diversos ingredientes para su preparación. Además, de hacer una descripción general del territorio y su ubicación en la costa Caribe.

Por otro lado, el investigador Morales, nos conecta con su texto “Legado africano en la cocina del Caribe colombiano”, nos muestra los diversos alimentos del continente africano que se introdujeron a estas tierras con la trata trasatlántico que vivieron los hombres y mujeres esclavizados. Además de mencionarlos, los ubica en sus regiones de origen.

Por último, está Daza y Muñoz, con su investigación “Las complejas tramas gastronómicas que se cantan y se bailan: un relato en dos tiempos en contextos socioculturales de las africanias del Caribe colombiano”, nos muestra la diversidad cultural de esta región que han denominado Caribe, en la que están presente los diferentes sabores, olores y colores de un país que la música varia.

Graciela Salgado en sus momentos de inspiración lo expresaba, “que el tambor, es un quita hambre”, música y comida van de la mano siempre para los afrodescendientes, es más fácil disipar el hambre al ritmo del baile, si es un tambor mucho mejor. La culinaria afrodescendiente varía en los ríos, el mar y los criaderos de peces que se han generado. Igualmente los diversos tipos de climas de los contextos donde hay presencia de los afrocolombianos. Todo lo anterior, lo demuestra Gavalo, quien cierra este texto con un poema de su autoría de 1948 denominada “la ensalada porteña”.

Jesús N. Pérez Palomino, 28 de agosto de 2019, Palenque.

Previous article

CARTA ABERTA À CAPES

Next article

CRONOGRAMA DA ELEIÇÃO DA ABRAPEC